Desde tiempos inmemorables, las guerras han sido un fenómeno constante en la historia de la humanidad, marcando épocas, territorios y arrastrando consigo miles de vidas.

En estos conflictos, los hombres han desempeñado tradicionalmente roles destacados, ya sea como líderes militares, soldados o estrategas. Sin embargo, la historia también está marcada por la presencia silenciosa pero poderosa de las mujeres, cuyas contribuciones y sacrificios han sido muchas veces subestimados o incluso ignorados. 

A lo largo del siglo XX y lo que va del XXI, el papel de las mujeres en relación con la guerra y la paz ha experimentado una evolución significativa. Desde su participación en conflictos armados en distintos niveles, hasta su apoyo en la reconstrucción post-conflicto y su incansable labor como promotoras de la paz y agentes de cambio, las mujeres han demostrado una y otra vez su capacidad para influir en los destinos de las naciones y comunidades.

La celebración del 24 de mayo como Día Internacional de la Mujeres por la Paz y el Desarme comenzó a principios de los años 80, impulsada por grupos de mujeres pacifistas europeas y estadounidenses contra la OTAN y la carrera armamentística y nuclear.

En este contexto, es fundamental explorar cómo las mujeres han navegado a través de las vicisitudes de la guerra, al mismo tiempo que han abogado incansablemente por la paz y el desarme. Al mirar hacia atrás en la historia, y hacia adelante hacia un futuro de paz, es crucial reconocer y valorar el papel fundamental que las mujeres juegan en la construcción de un mundo más justo y equitativo para todos.

Y es que los conflictos tienen consecuencias devastadoras, entre ellas, el incremento de las desigualdades entre mujeres y hombres. A menudo, las mujeres tienen a su disposición menos recursos para protegerse, y con frecuencia, representan, junto con sus hijas e hijos, la mayor parte de las poblaciones desplazadas y de refugiados. 

En las guerras se utilizan tácticas específicamente dirigidas contra ellas, como la violencia sexual. Pese a que han existido mujeres capaces de liderar movimientos de paz e impulsar la recuperación de las comunidades después de un conflicto, casi nunca están presentes en las negociaciones de paz. Su exclusión de las labores de reconstrucción limita su acceso a las oportunidades de recuperación, de obtener justicia por las violaciones de sus derechos y de participar en las reformas de las leyes y de las instituciones públicas.

El papel de las mujeres en las guerras no se reduce a su condición de víctimas, son mujeres que reivindican y construyen la paz, supervivientes, sustentadoras de las familias y de la comunidad. En algunos casos, también son combatientes.

 

Mujeres que dejan huella / marcan historia

En la búsqueda de la paz y el desarme, numerosas mujeres han destacado por sus valientes contribuciones, ganando reconocimiento tanto a nivel social como político. Un ejemplo inspirador es el de Ellen Johnson Sirleaf, quien hizo historia al convertirse en la primera presidenta mujer de Liberia en 2005 y posteriormente fue galardonada con el Premio Nobel de la Paz en 2011. Como miembro del Consejo de Mujeres Líderes Mundiales, Sirleaf se ha comprometido a movilizar a mujeres líderes de todo el mundo para abordar desafíos globales como el desarrollo equitativo.

Otro ejemplo conmovedor es el de Leymah Gbowee, cuya valentía surgió en medio de la devastación de la guerra civil en Liberia. Sobreviviente de un matrimonio marcado por la violencia y testigo de los horrores de la guerra, Gbowee se convirtió en una fuerza motriz para la paz, organizando un movimiento que abogaba por la abstinencia sexual como una forma de presión para poner fin al conflicto armado. Su valiente liderazgo y su incansable lucha por la paz la llevaron a ser galardonada con el Premio Nobel de la Paz en 2011, junto con Ellen Johnson Sirleaf y Tawakkol Karman.

Por su parte, Jody Williams, profesora estadounidense y activista de derechos humanos, ganó el Premio Nobel de la Paz en 1997 por su trabajo en favor de la prohibición internacional del uso de minas antipersonales. Además, Shirin Ebadi, abogada iraní que milita por los derechos humanos y la democracia, recibió el mismo premio en el año 2003.

A pesar de estos ejemplos inspiradores, no podemos ignorar las dinámicas de poder que permean nuestra sociedad. La identidad social de los hombres a menudo se define por el poder que tienen sobre las mujeres y por la capacidad de competir contra otros hombres. Sin embargo, la mayoría de ellos, tienen muy poco poder sobre sus propias vidas. Esta paradoja puede entenderse mejor al considerar las expectativas que la sociedad contemporánea impone sobre los hombres.

 

El poder del hombre en la sociedad

En la sociedad contemporánea, la principal expectativa impuesta a los hombres es que cumplan con su rol en la economía. Pero este papel no es intrínsecamente satisfactorio. El investigador social Daniel Yankelovich ha sugerido que alrededor del 80% de los trabajadores varones de EE.UU experimentan sus trabajos como “sin sentido y engorrosos”. Sienten que su trabajo y ellos mismos merecen la pena solo si se enorgullecen del duro trabajo y del sacrificio personal que hacen para ser el sostén de sus familias. Aceptar esta realidad reafirma su papel como proveedores de la familia y, por tanto, como “verdaderos hombres”, según la sociedad.

Los empleos masculinos se estructuran cada vez más como si los hombres no tuvieran funciones o responsabilidades directas en la familia; de hecho, como si no tuvieran familia. Sin embargo, paradójicamente, mientras se reducen las responsabilidades familiares de los hombres para mejorar su desempeño laboral, la deshumanización creciente del trabajo solo les proporciona la satisfacción de ser el sostén de la familia.

 

La comunidad internacional ha reconocido que la participación de las mujeres es esencial para lograr una paz duradera.

 

 

La participación de las mujeres es esencial para lograr una paz duradera

La comunidad internacional reconoce que la participación de las mujeres es crucial para una paz duradera. Como agentes de cambio, las mujeres necesitan más oportunidades para contribuir. De hecho, en el 2000, la ONU aprobó la resolución 1325, que destaca la importancia de su participación en la paz, la protección contra violaciones de derechos humanos y el acceso a la justicia y servicios antidiscriminación.

Además, hay mujeres destacadas que han alzado sus voces en contra del conflicto entre Israel y Palestina, abogando por la paz y la resolución pacífica del mismo. Aquí hay algunas de ellas: Naomi Chazan, exmiembro del parlamento israelí y defensora de la paz; ha trabajado incansablemente para promover el diálogo y la coexistencia. Una de sus frases más destacadas es: “La paz no es solo la ausencia de guerra, sino la presencia de justicia.”

Hanan Ashrawi, académica palestina y activista política, ha sido una voz fuerte en favor de los derechos humanos y la paz en la región. Es conocida por decir: “La paz no es una cuestión de rendirse ante la injusticia, sino de buscar una solución justa para todos.”

Y en el contexto de la Guerra de Ucrania, también encontramos mujeres valientes que han abogado por la paz, podemos resaltar a Oleksandra Matviichuk, activista de derechos humanos y presidenta del Centro para las Libertades Civiles en Ucrania; ha sido una defensora clave de la democracia y la justicia. Una de sus frases más poderosas es: “La verdadera paz solo puede lograrse a través de la justicia y la rendición de cuentas.”

Y Natalia Gumenyuk, periodista ucraniana y cofundadora de la Plataforma de Periodismo Independiente; ha destacado la importancia de una información veraz y objetiva en tiempos de conflicto. Ella afirma que “La verdad es el primer paso hacia la paz.”

Es crucial reflexionar sobre cómo las construcciones de género afectan tanto a hombres como a mujeres, y cómo estas dinámicas pueden ser transformadas para fomentar una sociedad más equitativa y pacífica.

En un mundo marcado por la polarización, la sobreabundancia informativa y las noticias falsas, también vemos el resurgimiento de debates que parecían ya resueltos. Hoy en día, es más urgente y necesario que nunca tomar una postura a favor de la paz y en contra de la guerra. ¿Por qué el llamado a la paz es también una causa feminista?

1) La primera razón es que las mujeres y los niños son las principales víctimas en cualquier tipo de guerra o conflicto armado. Las mujeres son frecuentemente utilizadas como moneda de cambio, y las violaciones son una forma de infligir daño a los hombres a través de ellas. La ausencia de guerra debe ser una causa feminista porque somos las principales afectadas.

2) En segundo lugar, representamos el 50% de la población, por lo tanto, debemos estar involucradas en la toma de decisiones. No podemos ser excluidas de estas acciones tan importantes que tienen un impacto significativo en nuestras vidas.

3) En tercer lugar, la perspectiva feminista es distinta. Nosotras tendemos a enfocarnos en aspectos prácticos como la educación, la salud y la economía cotidiana. Mientras que la perspectiva masculina suele ser más estratégica, enfocándose en los límites territoriales y quién controla qué. Nosotras miramos más allá, hacia la vida diaria y sus necesidades fundamentales.

Desde el CIMMT, como feministas, constructoras y promotoras de paz nos unimos a la reivindicación de todas las mujeres en un día como hoy en el que la bandera no puede ser otra que la que representa los Derechos Humanos, la paz y la justicia social.


 

Nathaly Bosch.

Redactora y colaboradora del CIM-MT.

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