Perder, pagar, resignificar: madres migrantes latinas frente a la pérdida perinatal e infantil en Pensilvania

Condiciones laborales para afrontar la pérdida perinatal en Filadelfia.

Fecha de publicación: 02/11/2026

Este artículo es la primera entrega del proyecto «Perder, pagar, resignificar: madres migrantes latinas frente a la pérdida perinatal e infantil en Pensilvania”

“Esta historia fue producida con el apoyo de Altavoz Lab, una organización dedicada a impulsar el trabajo de periodistas comunitarios».

Por: Lixandra Díaz Portuondo, periodista

Gabriela Mosquera comparte su historia y muestra otras formas de procesar el duelo. Foto tomada por Lucero Coronado.

La pérdida perinatal e infantil es la punta de un iceberg. Cada deceso esconde factores físicos, psicológicos y sociales, pero también económicos, laborales y políticos.

Una madre migrante latina que vive una pérdida en Estados Unidos se enfrenta al duelo, pero también a un sistema de salud y laboral condicionado por su situación migratoria.

En el caso de Pensilvania y Filadelfia, las legislaciones para proveer licencias de maternidad específica y por pérdida aún están siendo evaluadas. No obstante, cual efecto dominó, el estatus migratorio condiciona el acceso a estas prestaciones, y a cuidados prenatales para la detección de riesgos durante el embarazo.

Cada familia enfrenta estas barreras de forma distinta. La historia de Gabriela Mosquera revela algunas complejidades de esta experiencia.

Jacobo, sin previo aviso

Desde la puerta de su oficina se ve un cuadro en honor al primer mes de Jacobo, el hijo que Gabriela Mosquera dio a luz en 2016. En una de las fotos, se le ve abrazando, con su mano, la punta del dedo de Michael, su papá. 

También ocupa la oficina un llavero de luces intermitentes con el nombre de Jacobo grabado. Permanece recostado en el escritorio desde donde Gabriela maneja su trabajo formal, y dos emprendimientos familiares. 

Gabriela Mosquera llegó a Filadelfia por un contrato laboral como contadora en una empresa de construcción. Es alta, de piel negra, pelo afro abundante, y acento caleño marcado. En 2016 quedó embarazada mientras vivía en la ciudad, pero en marzo, a los cinco meses y medio, le detectaron preeclampsia durante una cita médica, y le programaron una cesárea de emergencia.

Gabriela conserva varios recuerdos de Jacobo, entre ellos, la tarjeta de su nacimiento que emitió el hospital. Foto tomada por Lucero Coronado.

La preeclampsia está entre las siete principales causas de mortalidad materna en Estados Unidos, y es más común en la población negra. El “racismo y las desigualdades para el acceso a servicios de salud se consideran factores que aumentan el riesgo de padecer la enfermedad”.

Gabriela asegura que el personal médico la estuvo acompañando todo el tiempo durante el proceso. La trabajadora social, el médico, la enfermera, y le decían “vas a estar bien”.

Y así nació Jacobo, el nueve de marzo de 2016 en el hospital Abington de Filadelfia. Tenía apenas 390 gramos, por debajo de los 1500, el peso bajo crítico. Él engrosa el 10% de nacimientos prematuros en Estados Unidos, según el reporte del National Library of Medicine sobre bebés con bajo peso al nacer y discapacidad. De ellos, entre el ocho y el nueve por ciento nace por debajo de los 2500 gramos. 

A las dos semanas de nacido lo trasladaron al St. Christopher’s Hospital for Children donde recibió cuidado neonatal especializado. Gabriela prácticamente se mudó a la clínica. La empresa para la que trabajaba como contadora le permitió hacerlo de manera remota. También contó con la ayuda de su mamá, quien llegó el mismo día del parto.

La cafetería del hospital se transformó en su oficina. Trabajaba y tomaba pausas para alimentar a su hijo con un copito de oídos que remojaba en leche y luego se lo posaba en una de las esquinas de la boca, esquivando la intubación. 

A Jacobo, esta alimentación, los pequeños tubos y la sonda que le aplicaron tras una complicación intestinal, parecían mantenerlo con vida y ayudarle a ganar poco a poco más peso. Poco a poco alcanzó los 900 gramos, pero permanecía muy por debajo del peso crítico. 

Al cuarto domingo de ingreso, Gabriela recibió una llamada del personal médico mientras se dirigía al hospital.

A pesar de todos los cuidados, Jacobo sufrió de  enterocolitis necrosante (NEC), enfermedad que según estimaciones del NICHD, afecta a aproximadamente a 9000 bebés prematuros cada año en los Estados Unidos.

Gabriela aceleró y encontró a Jacobo adolorido mientras le suministraban morfina.

  • [Ese día] nos cogía con toda la manito. Toda la mano le alcanzaba para coger un dedito, compartió.

Habla como si con cada palabra pudiera revivir el tacto de Jacobo en sus dedos. Recuerda que dejaron a familiares y amigos despedirse y que, ante todas las explicaciones médicas, ella pidió no saber más y dedicarle toda su atención. El cuarto frío, el sonido de las máquinas de fondo que poco a poco dejaron de dar signos vitales.

Jacobo murió el 24 de abril, entre las 6 y las 7 de la tarde junto a sus padres, a las seis semanas de nacido. 

El NICHD indica que, actualmente, entre el 15 y el 40 por ciento de los bebés que sufren NEC pueden fallecer. El riesgo aumenta para aquellos que nacen antes de las 37 semanas de gestación y pesan menos de 2500 gramos.

EPISODIO 1: Sin previo aviso, Jacobo

¿Cómo se han comportado estas muertes en Filadelfia y Pensilvania?

A partir de una solicitud directa, la División de Salud Reproductiva, Adolescente e Infantil del Departamento de Salud Pública de Filadelfia, reportó que “entre 2021 y 2025, se identificaron 86 casos de pérdida fetal o infantil entre familias inmigrantes hispanas en Filadelfia”.

Cincuenta y seis de los casos fueron muertes fetales, y treinta, pérdidas infantiles. Con respecto al origen latino, la nacionalidad con mayor incidencia fue la dominicana.

Un análisis de la incidencia de estos casos entre 2014 y 2024, a partir de las plataformas EDDIE (Enterprise Data Dissemination Informatics Exchange por sus siglas en inglés) del Departamento de Salud de Pensilvania y PhilaStats, refleja que el número de muertes fetales hispanas reportadas en Pensilvania en 2024, fue considerablemente superior. Las muertes de ese año representaron el 16,5 por ciento de las ocurridas en el decenio, mientras que el promedio anual estimado del periodo es de 9,09.

Otro dato a remarcar es que en Filadelfia, la mayoría de las muertes ocurrieron en los primeros 28 días del nacimiento (161 de 233). La información concuerda con el perfil de causas más comunes: prematuridad extrema y condiciones perinatales.

Con respecto al comportamiento, identificamos que no hay una tendencia monotónica en la ocurrencia de muertes, sino que oscilan de un año a otro por lo que es difícil definir qué factores externos específicos inciden en ellas. 

¿Bajo qué condiciones laborales ocurren las pérdidas en Pensilvania? 

A Gabriela, estando aún en el hospital, le mortificaba ver a muchos bebés solos, sin visitas familiares. Un día, coincidió con una de esas madres: tenía dos niños menores de tres años en casa, y su trabajo exigía presencialidad. Por eso, le era difícil permanecer en el hospital con su recién nacido.

Pensilvania, no garantiza una licencia remunerada por motivos de paternidad o salud. Las familias solicitan la pausa a través del FMLA que establece requisitos de cobertura específicos y puede solicitarse por situaciones definidas entre las que no están expresamente incluidas las pérdidas.

La propuesta de la senadora Cappelletti también incluye casos donde la inseminación intrauterina, la reproducción asistida, la asignación de adopción o un acuerdo de gestación subrogada fallan. Foto tomada por Lucero Coronado.

La Senadora Demócrata del Distrito 17 de Pensilvania, Amanda Cappelletti, presentó el proyecto de Ley del senado 1059; conocida como ley de Licencia Pagada por Pérdida del Embarazo o “Support Through Loss Act” que pide otorgar “tres días laborables de permiso remunerado en caso de pérdida del embarazo, ya sea por aborto espontáneo o muerte fetal”, e incluye a las parejas.

Ha sido presentada en tres sesiones diferentes desde que la senadora asumió el cargo en enero de 2020 y se encuentra en la segunda de las nueve fases que requiere para ser aprobada.

Amanda Cappelletti fue la primera senadora de Pensilvania en dar a luz durante su mandato. Estaba atravesando una pérdida cuando se presentó a su reelección en 2024; y cuando nos recibió para esta entrevista, se reincorporaba a sus funciones tras dar a luz.

Según expresó en entrevista exclusiva para esta investigación, han estado “luchando para lograr una acción real del partido mayoritario, que son los republicanos en este momento en mi cámara, para ver la necesidad de una legislación como esta y verla avanzar”.

Existen propuestas que también reconocen la pérdida perinatal como problema nacional, como la S.2390 – Support Through Loss Act presentada desde 2021 por la senadora demócrata Tammy Duckworth de Illinois, y la HEALING Mothers and Fathers Act, del senador republicano Tom Cotton de Arkansas.

Aunque tienen marcadas diferencias en cuanto a la concepción “provida”, muestran una concordancia bipartidista en cuanto al reconocimiento de la pérdida fetal e infantil como una preocupacion nacional.

Para impulsar la propuesta en Pensilvania, la senadora Amanda Cappelletti necesitará volver a presentarla  en la sesión legislativa de Pensilvania 2027-2028 que comenzará el 5 de enero de 2027, y asignarle un nuevo número, tal y como explicó su equipo de comunicación.

El “Support Through Loss Act” comprende las pérdidas fetales. Sin embargo, no comprende casos como los de Gabriela donde el bebé muere semanas después del nacimiento, aspecto en el que la senadora propuso pensar en lo adelante.

Cappelletti no llegó a la propuesta de ley que reconoce las pérdidas por azar: “he vivido tres abortos espontáneos al formar mi familia”. Ella ha hablado en público sobre cómo estos hechos han marcado su vida y la de su esposo. 

La senadora Amanda Cappelletti patrocina varias legislaciones encaminadas a que las familias de Pensilvania crezcan en condiciones laborales y sanitarias adecuadas, y que aún están en proceso de revisión. Foto tomada por Lucero Coronado.

La senadora patrocina otras legislaciones encaminadas a que las familias de Pennsylvania crezcan en condiciones laborales y sanitarias adecuadas y aboga por reconocer octubre como el Pregnancy and Infant Loss Awareness Month in Pennsylvania

  • “Especialmente, al compartir mi historia, escuché a muchos residentes de Pensilvania que no tuvieron nada de eso [alude a tomarse un tiempo fuera del trabajo] y que experimentaron su pérdida, su aborto espontáneo en su lugar de trabajo y eso simplemente no me sentó bien”, compartió.

 

A propósito, la directora de bienestar de una clínica comunitaria que atiende a inmigrantes sin estatus migratorio definido, comentó que “muchos empleadores siempre se han aprovechado de los trabajadores migrantes. A veces, cuando están embarazadas, aún más”.  

Otras organizaciones comunitarias como la Alianza de Trabajadoras Domésticas y el Comité de Trabajadoras de Restaurantes han denunciado, como parte de estos “aprovechamientos” el robo de salario, amenazas con llamar a ICE (US Immigration Customs Enforcement), reducción de horas o despido sin previo aviso.

A la pregunta de cómo su propuesta de Licencia por Pérdida podría incluir a la población migrante Cappeletti respondió:

“Tendría que revisar eso específicamente con mi equipo, pero quiero que sepan que es importante para mí que, independientemente de cuál sea su estatus aquí en Pensilvania, merezca dignidad y respeto. Mereces poder acceder a atención médica.”

Amanda Cappelletti, es miembro de la coalición ICE Out of PA, principal patrocinadora de los proyectos  No Secret Police: Unmask ICE (SB1071) y Keep ICE Off Pennsylvania’s Property (SB1193).

El día que Gabriela conversó con aquella madre en los pasillos del hospital, entendió que algunas familias no pueden tomarse el tiempo necesario para cuidar de su hijo. Entonces, reparó en el privilegio de contar con la autorización de su centro de trabajo, un derecho laboral básico que aún no está al alcance de todas las madres de Pennsylvania.

 

El posparto: entre el pago y las secuelas

Tras el memorial de Jacobo, Gabriela repartió las cenizas entre ella, su madre y Michael, para que cada uno decidiera cómo rendirle pleitesía. Después, se encerró en su cuarto  intentando lidiar con el duelo, los recuerdos y la leche materna. 

Pausó el trabajo totalmente, y que la despidieran ya no le importaba. Pero eso no sucedió, la empresa le otorgó una licencia y se reincorporó a las dos semanas, cuando estuvo lista. A toda la vorágine, se sumó la coordinación de los pagos por el servicio médico.

-“No sé si pasa con todos los nenes, pero el hospital nos cubrió la funeraria y la cremación. Eso sumó unos $60 000 dólares. La cesárea costó $40.000 y la cubrió el seguro”, explicó Gabriela sobre los costos.

Usó el seguro de salud proporcionado por su empleador y para completar el resto de los gastos de la cesárea presentó el de Michael. Los próximos meses llegaron otras facturas que gestionó con ayuda de  una trabajadora social del hospital. Terminó pagando alrededor de mil dólares al margen de los seguros.

A la par de todas estas gestiones, su cuerpo seguía en posparto y lidiar con la leche materna fue uno de los desafíos. En el hospital le comentaron sobre OhioHealth Mothers’ Milk Bank que recibe leche materna de donantes aprobadas y las distribuye a recién nacidos prematuros y vulnerables. 

Gabriela llenó casi 100 botellitas y las donó a la organización. Pero como seguía produciendo leche, probó con técnicas de abuelas como poner el sostén húmedo al sol, y usó pañales de pezón. Poco a poco se le fue coagulando dentro, algo que, según explica, también fue doloroso.

“Todavía me duele la cesárea. Se me hincha [cuando se acerca su periodo menstrual]. Apenas salí de la cesárea estuve como una semana en el hospital, pero de ahí fui manejando al otro hospital todos los días”, cuenta.

Su prioridad era Jacobo,  así que no hizo el reposo requerido para la recuperación.

Gestionar la lactancia, contestar llamadas de las agencias de seguro y escuchar comentarios incómodos fueron algunas de las cuestiones con las que Gabriela debió lidiar durante el posparto. Foto tomada por Lucero Coronado.

¿Donde pone una madre su dolor?

Gabriela buscó formas propias de canalizar su duelo. Se reincorporó a su empresa, y consiguió otro empleo en un restaurante. Por casi dos años, mantuvo ambos trabajos para no pensar demasiado.

Al respecto, la trabajadora social clínica licenciada en el estado de Pensilvania, con especialización en trauma, terapia de juego y terapia perinatal, Laura Cardona, recalcó que “el duelo es individual”. Algunas personas se ponen rápido a trabajar para evadir, se enfocan en sus otros hijos, mientras otras se aíslan y se rehúsan a socializar.

En el proceso, Gabriela tampoco olvidó a la madre con la que conversó en el hospital y regresó como voluntaria para acompañar a bebés de cuidados neonatales cuyas madres no podían visitarlos. Explica que eso también la ayudó emocionalmente. 

Quien conoce a Gabriela, conoce a Jacobo. Habla de él con naturalidad, cuenta anécdotas de su estancia en el hospital, y llora, y ríe cuando le recuerda. En confianza, muestra el tatuaje con el que se grabó el nombre de su hijo en la piel, y en días de honor saca una cadenita que le regalaron para honrar su memoria.

Gabriela es una mujer muy práctica que cree en el poder del universo y respeta el mundo espiritual. Jacobo forma parte de esas creencias.

En estos diez años, ha celebrado un bautizo simbólico, donado ropas y cobijas al hospital, y después de conservarlas durante nueve años en un cofre, le entregó al mar las cenizas de Jacobo.

Desprenderse de sus objetos, no ha tenido la intención de romper el vínculo emocional. La conexión que mantienen, explica Gabriela, sigue intacta.

“Jacobo vive 24/7 en mi vida”, cuenta Gabriela sobre la conexión que mantiene con su alma. Foto tomada por Lucero Coronado.

Cada nueve de marzo se reúne con Michael, de quien se separó hace unos años, su amiga Yulieth y los familiares que deseen acompañarlos para ver una película animada en honor a Jacobo.

También, le reza cuando algo anda mal, un excel de su trabajo como contadora presenta errores, o necesita que su alma cuide de alguien más.

La historia de Gabriela y Jacobo muestra la maternidad como un sentimiento que trasciende la existencia física de los hijos. No desaparece silenciando la pérdida, sino que se construye mediante el amor, la conexión que se crea con ellos, y se resignifica a través de nuevas formas de cuidado.


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Reconocemos que este artículo no integra la complejidad de la pérdida perinatal e infantil para las madres que, dentro de la comunidad latina, hablan idiomas como el portugués, creole, garífuna y lenguas indígenas, de quienes tienen condiciones de discapacidad, o pertenecen a la comunidad LGBTQIA+. Para estos grupos la discriminación y la inaccesibilidad pueden aumentar. Esperamos que esta sea una motivación para que estas historias también sean contadas con voces propias.

Equipo de producción:

Producción e investigación: Lixandra Díaz Portuondo

Mentoría de investigación: Dagmar Thiel

Edición: Lheyzi Sánchez y Dagmar Thiel

Fotografía: Lucero Coronado

Enlace comunitario: Arianne Bracho

Análisis de Datos: Julio G. Hung

Traducción e interpretación: Irene Osorio y Paola Velez

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