Las mujeres latinas enfrentan desafíos únicos debido a la presión social y expectativas culturales, exacerbando el impacto del síndrome del impostor en su salud mental.

 

 

Si solo tienes unos segundos, lee estas líneas:

  • El llamado síndrome del impostor afecta a aquellas personas que, a pesar de sus logros y éxitos, experimentan una profunda sensación de no merecerlos.
  • Las personas que padecen este síndrome -que no es una enfermedad- son incapaces de internalizar y aceptar su éxito. A menudo atribuyen sus logros a la suerte más que a la capacidad, y temen que otros los ‘descubran’.
  • Si bien el síndrome del impostor puede afectar a cualquier persona, se ha observado una mayor prevalencia en mujeres y personas pertenecientes a minorías. En el caso de los latinos y latinas que viven en Estados Unidos, este sentimiento de inferioridad puede ser particularmente persistente.

 

“He conseguido llegar hasta aquí por suerte”, “no merezco lo que tengo”, “estoy engañando a todo mi alrededor, que piensa que valgo más de lo que realmente valgo”. Estos, aun en personas con gran éxito personal y laboral, son los pensamientos más recurrentes de quienes sufren el conocido síndrome del impostor. No se trata de una enfermedad -no se recoge en ningún tratado de psicopatología-, sino de un conjunto de pensamientos e ideas comunes que sí se han estudiado. 

Suelen estar relacionados con la autoestima y la concepción errónea de uno mismo y de las propias capacidades y afectan en algún momento de la vida a un 70% de la población, según un estudio publicado en la revista International Journal of Behavorial Science. “Es un sentimiento común que experimenta la mayoría de las personas en algún momento de sus vidas”, afirma Kevin Cokley, profesor de psicología educativa de la Universidad de Texas en Austin.

La Asociación Estadounidense de Psicología (APA, por sus siglas en inglés) indica que los sentimientos de impostor generalmente van acompañados de ansiedad y, a menudo, depresión. 

 

¿Quiénes tienen más riesgo de padecer este síndrome?

“La mayoría de las personas con sentimientos de impostor sufren en silencio, afirma la psicóloga Suzanne Imes. La experta destaca que no hablan de ello porque “tienen miedo de que los descubran”.

Muchas de las personas que padecen este síndrome “crecieron en familias que pusieron gran énfasis en los logros”. En específico, quienes crecieron con padres que les enviaban mensajes contradictorios, alternando entre excesivos elogios y críticas.

Las personas perfeccionistas, autocríticas, con miedo al fracaso y que se autopresionan para alcanzar los logros tienen más posibilidades de padecer este síndrome. Así lo indica la psicóloga Marta Calderero, que destaca que las presiones sociales aumentan el problema.

El psicólogo y psicoterapeuta clínico José de Sola añade a la lista a quienes han tenido muy poca confianza en sí mismos desde la infancia. “Tienen grandes capacidades y han luchado mucho. Es curioso porque han logrado grandes cosas en la vida, son muy competentes tanto en lo social como en lo profesional”, explicó De Sola a Maldita.es, medio cofundador de Factchequeado. Es decir, son incapaces de internalizar sus logros aun habiendo pruebas que muestran que son competentes, situándose en un estado permanente de ansiedad, inquietud e inseguridad.

¿Cómo afecta el síndrome del impostor a mujeres y hombres latinos?

Algunos estudios han encontrado que este síndrome es más prevalente en las mujeres y en las personas pertenecientes a minorías. Un estudio realizado en 2013 por investigadores de la Universidad de Texas en Austin concluyó que los estudiantes universitarios asiático-americanos tenían más probabilidades de experimentar sentimientos asociados con el síndrome del impostor.

Diferenciarse de algún modo de la mayoría de sus compañeros (ya sea por raza, género, orientación sexual o alguna otra característica) puede alimentar la sensación de ser un fraude”, explica la APA.

El sentimiento de culpa o de ser un fraude es “enorme” para algunos estudiantes latinos, según contó a NBC News María Chávez, profesora y académica de la Pacific Lutheran University, y autora del libro Latino Professionals in America.

Algunos estudiantes se enfrentan a comentarios que pueden influir en su autoestima y hacerles sentir que la única razón por la que los aceptaron en una universidad fue porque eran latinos. 

“He tenido varios momentos muy raciales en los que la gente me decía: ‘Solo estás ahí para aumentar sus números de diversidad‘. Al principio piensas: ‘Oh, Dios, eso es horrible’. Pero luego, después de que te lo repiten un par de veces, empiezas a dudar y a preguntarte: ‘Vale, ¿pero lo estoy?'”, contó la estudiante Marial Méndez, graduada en la Escuela de Salud Pública Mailman de la Universidad de Columbia, a NBC News. A Méndez el síndrome del impostor la dejó con la misión perpetua de demostrar que merecía estar en Columbia y Harvard: “Con el tiempo, es agotador”.

Este sentimiento de inferioridad acompaña a muchas personas latinas más tarde en el ámbito laboral. A las posibles experiencias de discriminación se suma la falta de representación de latinos y latinas en puestos de liderazgo, que puede reforzar la idea de que no son capaces de alcanzar el éxito en el mundo laboral. 

Si bien las comunidades hispanas y latinas constituyen el 19% de la población estadounidense, sólo representan alrededor del 8% de la fuerza laboral profesional. Así lo recoge la cadena CNN citando el informe Más que un monolito: el avance del talento hispano y latino”, que destaca que dentro de las empresas estadounidenses, sólo el 10% de los gerentes y el 5% de los ejecutivos se identifican como hispanos o latinos.

 

A quienes sufren este síndrome les cuesta interiorizar sus logros

“Las personas que experimentan este síndrome del impostor, por ejemplo, explican las buenas notas que han sacado por haber tenido suerte, porque el examen era fácil, porque ‘ha salido lo que me sabía’, y, no tanto, por haber estudiado mucho, haber llevado las asignaturas al día o por ser inteligentes”, explica en su página web el psicólogo Alberto Soler. Otro ejemplo es que “creen que les han ascendido en el trabajo, no por su capacidad o por su valor para la empresa, sino porque han generado una falsa impresión en los demás y no se dan cuenta que en el fondo no valen tanto como aparentan”.

De ahí, como señala la APA, que otra de las principales características sea el miedo constante a que llegue el momento en el que se descubra todo y todo el mundo descubra que no son más que un ‘gran fraude’ cuando, en realidad, nada apunta hacia esa dirección. Por eso, como cuenta Soler, suelen estudiar o trabajar mucho más duro. “Esto es algo que desgasta un montón, genera la sensación de estar llegando siempre por los pelos a las cosas pero nunca conseguirlas bien”, añade el experto.

 

¿La ansiedad y la depresión están asociadas al síndrome del impostor?

Hay casos en los que la situación puede empeorar y la fuerza de la devaluación interna derive incluso en depresión y en una profunda incomprensión en el mundo laboral. En algunos de estos casos, como señala De Sola, los compañeros del trabajo no entienden la situación.

“No comprenden que la persona se derrumbe porque piense que ‘no vale’, que no ha hecho las cosas bien, ya que esto no coincide en absoluto con su apreciación. Como su entorno no lo entiende, el paciente se siente aún más sumido en su aislamiento y en esa sensación de que los demás no se dan cuenta de que es un auténtico impostor y de que ya no puede más con la situación”, explica.

 

 

Entonces, ¿qué hacer si tienes el síndrome del impostor?

Si experimentas sentimientos negativos relacionados con el síndrome del impostor, puedes buscar ayuda profesional. Un psicólogo puede guiarte en el proceso para superar este desafío y desarrollar una relación más positiva y realista contigo mismo.

La clave para solucionar este estado, aunque según los expertos no es sencillo, es descubrir cuál es el origen de esa devaluación de uno mismo. Según De Sola, muchas personas viven su presente bajo la sombra de experiencias, críticas o situaciones del pasado. “Es clave hacerles ver que la realidad ahora mismo les está demostrando que son otra persona y que su entorno se lo está reconociendo”.

Imes anima a sus clientes a realizar una evaluación realista de sus habilidades. “La mayoría de las personas con alto rendimiento son bastante inteligentes, y muchas personas inteligentes desearían ser genios. Pero la mayoría de nosotros no lo somos”, afirma. La experta sugiere escribir las cosas en las que eres realmente bueno y las áreas que podrían necesitar mejorar. Eso puede ayudarte a reconocer dónde lo estás haciendo bien y dónde hay margen legítimo de mejora.

El objetivo es que las personas que experimentan el síndrome del impostor sean capaces de reconocer sus propias capacidades y limitaciones, como indica Soler: “Se intenta que aprendan a aceptar y agradecer los cumplidos para romper la dependencia del juicio externo y, poco a poco, sentirse un poco menos impostor”.

 


 

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