¿Sobre qué hombros descansa la comunidad migrante y latina de Filadelfia?

Aprendizajes del encuentro presencial del 6to Congreso sobre comunidad, cuidados, educación y acceso a derechos

Fecha de publicación: 01/05/2026

Por Lixandra Díaz Portuondo

A veces hablamos de transformar espacios, pensar en futuro, apoyar a las nuevas generaciones, impulsar leyes, pero poco se habla de todo lo que eso implica. Todos los cambios se sostienen con acciones pequeñas, diarias, cotidianas y hasta engorrosas que por lo general asumen las mujeres.

En la jornada presencial del sexto congreso “Todas las Mujeres que habitan en mí”, con sede en PhillyCam el 18 de abril de 2026, quisimos acercarnos al tema: escuchar, dignificar, apoyar y celebrar a esas mujeres que construyen y sostienen a la comunidad de Filadelfia. El debate completo está en nuestro canal en Youtube, y acá te dejamos puntos destacados de la sesión que pueden ayudarte a entender el sistema que navegas en la ciudad y en el que intentas crecer.

Foto del CIM-MT

Los obstáculos para escuchar el cansancio de quienes cuidan 

En el primer panel, un grupo de expertas debatió sobre los efectos del agotamiento en la salud de miles de mujeres que sostienen a la comunidad en un sistema adverso y excluyente. Contamos con la experticia de Paulina Sierra, M. Ed., directora ejecutiva de La Puerta Abierta, especialista en modelos de cuidado relacional y salud mental para inmigrantes y la Dra. Ana Martínez-Donate, PhD, Profesora y Decana Asociada en Drexel University, con décadas de investigación en determinantes sociales y equidad en salud latina.

También escuchamos las intervenciones de Amy Eusebio, MSW, COO de Ceiba, Inc. y experta en prácticas informadas sobre el trauma y justicia social y de Carol Persaud, enfermera, educadora en Nutrición y Health Coach quien moderó el espacio.

Barreras más comunes mencionadas por las participantes:

  • Falta de seguro médico y cobertura limitada de la salud mental dentro de los paquetes de seguros.
  • Miedo de acceder a servicios de salud y ser expuestos ante el sistema migratorio.
  • Alto estigma sobre la salud mental tildando a quienes acuden a ellas de “personas locas o débiles”.
  • Minimización de síntomas femeninos desde la perspectiva patriarcal de la medicina contemporánea.
  • Falta de recursos claves para acceder a servicios de salud como la transportación, el dominio de la tecnología (para hacer citas, revisar y solicitar exámenes).
  • Pocos servicios cultural y lingüísticamente accesibles y amigables.

 

La enfermera, educadora en Nutrición y Health Coach Carol Persaud, encargada de moderar el panel, recordó que “el cuidado no puede seguir siendo invisible, la salud mental no es un lujo, no es un privilegio, es un derecho. Las mujeres que sostienen a sus familias y comunidades también necesitamos ser sostenidas”.

¿En qué contexto educamos y nos educamos mientras sostenemos?  

En el segundo panel descubrimos cómo líderes rediseñan el acceso a oportunidades educativas y laborales para las familias en Filadelfia. Entre las invitadas estuvieron Claudia Peregrina, directora regional de Mighty Writers y Evelyn Nuñez, superintendente, directora educativa de Esperanza Academy Charter School. 

También asistieron Adamary Sosa, vicepresidenta de compromiso y relaciones corporativas en la organización Xiente, y la Directora de Educación del CIM-MT y experimentada terapeuta de Intervención Temprana Carmen Marcet, quien moderó el espacio. Todas juntas debatieron sobre algunos factores que, desde su experiencia, complejizan  el aprendizaje del estudiantado migrante: 

Foto del CIM-MT
Foto del CIM-MT
  • La barrera lingüística y la exclusión académica.
  • Vergüenza y/o pérdida del idioma nativo.
  • Desinformación de los padres sobre sus derechos a la información sobre el progreso del estudiante.
  • Sistema educativo no diseñado para estudiantes bilingües y multiculturales.
  • Políticas educativas culturalmente sensibles a discreción de las escuelas y el personal.
  • Insuficiente personal de habla bilingüe y conocedor de la cultura latina.
  • Falta de oportunidades para la inserción en el campo laboral de lo que se estudió.
  • Necesidad de redes de contacto, asesorías extras para poder navegar el sistema de crecimiento laboral.
  • Falta de reconocimiento de las habilidades y talento de la comunidad.

 

Durante este conversatorio también escuchamos historias personales que reafirmaron el compromiso de las panelistas con su trabajo y la extensión comunitaria del mismo. Concordaron en que la misma comunidad busca diariamente soluciones prácticas para navegar un sistema educativo que enseña, pero para ello es necesario fortalecer la red de apoyos en la comunidad.

¿Cómo acceden a la justicia las que cuidan?

En el tercer panel participaron Catherine Miller-Wilson, directora ejecutiva de HIAS Pennsylvania, abogada y defensora de justicia social, Davina Scott, trabajadora social en Women’s Law Project y la presidenta y directora ejecutiva de Women Against Abuse, Joana Otero Cruz. Este panel fue principalmente en inglés por lo que hizo con interpretación simultánea.

Sara Giraldo, abogada de inmigración colombiana con experiencia en acompañamiento a migrantes moderó el panel en cuestión, centrado en las barreras que enfrentan las migrantes para exigir justicia, derechos en un sistema que no habla el lenguaje lingüístico y cultural de las comunidades vulnerabilizadas. 

La presidenta y directora ejecutiva de Women Against Abuse, Joana Otero Cruz, compartió desde su experiencia que no basta con hacer algunos ajustes, sino que hay que transformar el sistema trabajando de forma colaborativa entre las organizaciones. 

En tanto, Catherine Miller-Wilson recalcó que “hay derechos incluso cuando se siente como si no existieran”, pero en realidad muchas personas por desinformación renuncian a ellos. 

Ante este panorama, la solución sigue siendo la comunidad: desarrollar estrategias para informar mejor, proteger a las mujeres y migrantes en situaciones vulnerables para que puedan acceder a recursos, compañía, escucha y asesoría en espacios respetuosos no excluyentes por razones de género o etnia, mientras las leyes y los recursos son autorizados a través de procesos burocráticos.

Foto del CIM-MT

Arte y representación: el rostro real de quienes cuidan

El último panel abordó el arte como herramienta tanto de sanación como de denuncia en contextos de crisis política como el actual. Moderado por la cineasta, periodista multimedia y fundadora de Intimedia de origen peruano-brasileño Gabriela Watson Burquet, abrió los micrófonos a Marangelli Mejías Rabel, directora ejecutiva del Philadelphia Latino Arts & Film Festival (PHLAFF), promotora cultural y productora de origen boricua, y la creadora dominico-estadounidense Erlina Ortiz, dramaturga y codirectora artística de Power Street Theater.

¿Qué necesita la comunidad de quienes hacen arte, según este panel?

  • Ampliar las narrativas sobre los trabajos, los pensamientos, las formas y culturas latinas.
  • Más actores latinos interpretando historias latinas.
  • Representación desestigmatizada de la cultura, los trabajos y las capacidades que hay en la comunidad.
  • Más obras bilingües y en español.
  • Apoyo a los artistas latinos para que tengan visibilidad en eventos importantes de la ciudad.
  • Crear con y para la comunidad, no solo para públicos externos.
  • Crear espacios accesibles como talleres gratuitos, proyecciones híbridas y actividades locales que lleven el arte al barrio.
  • Apoyar a las organizaciones artísticas locales.
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“Tú puedes hablar dentro de horror de la importancia de la familia, la importancia de la identidad, de todas las cosas que están pasando en este país. Pero pienso que lo más importante en nosotros es [la alegría] Joy is resistance. [Por eso debemos] centrarnos en celebrarnos, en celebrar lo que no conocemos”, dijo Marangelli Mejias tras compartir su experiencia personal que la llevó a dedicarse hoy día al cine.

Además, en la escena del arte una de los retos que aún tiene la comunidad es la representación justa para generar sentido de pertenencia e identificación en la audiencia. Para ello es necesario ampliar las narrativas sobre lo que somos. Al respecto, Erlina Ortiz dijo estar cansada de “historias de latinos que son druggers, de latinas que son maides or prostitutes. Necesitamos historias de nosotros”.

Erlina señaló que hay que hacer arte aunque no seamos profesionales y acentuó la importancia de documentar y registrar nuestra historia, nuestra presencia porque “si no lo hacemos, cómo vamos a tener la prueba de que estábamos aquí”.

El peso de muchas vidas sobre nuestros hombros 

Salud mental, cuidados, educación, justicia, legalidad, arte, migración: todos temas esenciales para la comunidad. Todas las panelistas y moderadoras, muestra de quienes intentan cada día sostener el entorno, ayudarse entre sí y construir un futuro sostenible.

Las mujeres convocadas saben que el desarrollo se cuece sobre quienes se levantan, atienden a otras (os), buscan y preparan alimentos, mantienen limpios los espacios, crean estrategias para vivir en territorios nuevos y las comparten con quienes conocen. La vida se sustenta sobre aquellas que crían, sanan, hacen cuentas y hasta magia para que toda una familia llegue a fin de mes.

Y no se trata de que los hombres no sostengan, sino que por mandato patriarcal y cotidianidad no suficientemente cuestionada, aunque trabajen no necesariamente dedican horas extras no remuneradas a cuidar. La sociedad no se los exige. En cambio, las mujeres terminamos asumiendo encargos laborales, domésticos y de crianza, siendo responsables de lo ajeno y de lo nuestro, sin poder elegir entre uno y otro sin ser señaladas.

Foto del CIM-MT

“Aunque a veces incomode, las mujeres, especialmente las migrantes, las trabajadoras, las cuidadoras han sostenido familias, barrios, comunidades enteras, muchas veces sin descanso, sin reconocimiento y la mayoría de las veces sin recursos”, tal y como expresó  la directora ejecutiva del Centro Integral de la Mujer Madre Tierra, Arianne Bracho en su discurso de apertura. 

Cargar el porvenir no es un costo deducible de impuestos, pero crece en las manos de mujeres que aportan a la sociedad desde sus puestos laborales, y luego regresan al barrio  para cuidar de los demás.

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